
Lucca
Lucca, capital de la provincia homónima en la región de Toscana, se ubica en una fértil llanura bañada por el río Serchio y cercana al mar Tirreno. Oficialmente de origen romano, aunque con asentamientos anteriores, la ciudad se desarrolló como un importante centro de comerciantes y tejedores, y logró mantener su independencia durante siglos hasta 1799, cuando pasó a ser conquistada por las tropas napoleónicas y transformada primero en Principado, luego en Ducado Borbón de Lucca, antes de integrarse definitivamente en el Gran Ducado de Toscana.
A lo largo de su historia, Lucca ha sabido conservar un patrimonio monumental excepcional. Es una de las pocas capitales italianas cuyo centro histórico permanece casi intacto, rodeado por una muralla renacentista construida entre los siglos XV y XVII. Este imponente cinturón, de 4.223 metros de perímetro, nunca se utilizó con fines defensivos y, gracias a ello, se ha mantenido en un estado de conservación único en Europa. En el siglo XIX se transformó en un paseo peatonal arbolado que aún hoy abraza la ciudad, aunque durante décadas también se utilizó como carretera de circunvalación hasta que, en los años ochenta, fue recuperada por completo para el uso ciudadano. Este carácter singular convierte a Lucca en un ejemplo único en el mundo y ha motivado la propuesta de incluir sus murallas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
El centro histórico, protegido por este anillo de murallas, reúne un sinfín de tesoros. La ciudad es conocida como la “ciudad de las 100 iglesias”, por la gran cantidad de templos medievales —consagrados o no— que pueblan sus calles, muchos de ellos con fachadas ricamente decoradas y campanarios que se remontan al siglo VIII. La Torre Guinigi, con su característico jardín colgante en la cima, es uno de sus símbolos más reconocibles y un recuerdo de la época en que Lucca fue también llamada la “ciudad de las cien torres”, reflejo de la rivalidad entre familias adineradas que competían por levantar las torres más altas.
Otros espacios urbanos refuerzan la identidad única de Lucca. La Piazza dell’Anfiteatro, trazada por Lorenzo Nottolini sobre las ruinas del antiguo anfiteatro romano, sorprende por su singular forma arquitectónica. La Via Fillungo, estrecha y medieval, concentra los principales comercios de la ciudad, mientras que plazas como la Piazza San Michele, la Piazza San Martino —con su célebre catedral—, la Piazza del Giglio, con el teatro homónimo, y la Piazza Napoleone, también llamada Piazza Grande y encargada por Elisa Baciocchi, conforman rincones imprescindibles de su trazado histórico.
Lucca no solo destaca por su arquitectura, sino también por su profundo vínculo con la música. Es ciudad natal de compositores como Giacomo Puccini, Francesco Geminiani, Luigi Boccherini y Alfredo Catalani. En su casco antiguo se puede visitar el Museo Puccini, que conserva manuscritos, fotos y libretos originales, mientras que en la cercana Torre del Lago se celebra cada verano el festival de ópera en su honor. Además, la ciudad acoge cada año el Lucca Summer Festival, que ha contado con artistas internacionales como Eric Clapton, Roger Waters, Tracy Chapman y Santana en la Piazza Napoleone, y el Lucca Comics & Games, uno de los festivales de cómic, animación y juegos más importantes del mundo.
Quien llega a Lucca a través de la Via Francigena descubre una ciudad donde historia, arte y música conviven en armonía. Pasear por sus murallas, adentrarse en sus iglesias y plazas, o dejarse envolver por su ambiente cultural hacen de esta etapa del camino una de las más memorables, en una ciudad que conserva intacto el encanto de siglos pasados.










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