El valor económico es una «relación» de conveniencia

  1. El valor económico es una «relación» de conveniencia

      Daniel Defoe nos relata los pensamientos de Robinson Crusoe, único superviviente del naufragio de su barco, al llegar a «su»isla, y que tantas veces ha sido utilizado por los economistas para expresar sus ideas con sencillez en una situación de actividad humana aislada.

      «Pensé que mi situación era horrorosa; porque estaba mojado y no tenía ropas para secarme; sentía apetito y no disponía de nada para comer; estaba sediento y no tenía nada que beber; me hallaba débil y no contaba con qué fortalecerme… La noche se echaba encima y empecé a meditar cuál sería mi suerte si aquella tierra cobijaba animales feroces… El único remedio a todo eso era encaramarse a un árbol de espeso ramaje semejante a: un abeto, pero espinoso, que se alzaba allí cerca y en el que decidí pasar toda la noche… Me alejé un cuarto de milla de la playa en busca de agua dulce para beber, y tuve la suerte de encontrada, lo cual me produjo gran contento». 3

      El hombre necesita de bienes materiales. Siendo un compuesto de materia y espíritu, necesita de realidades materiales para sobrevivir, para vivir, para mejor vivir. La actividad económica es una necesidad que encuentra su fundamento en otras diversas necesidades concretas, no inventadas, sino reales, que la naturaleza humana manifiesta a lo largo del tiempo. Los apremios sentidos en su propia persona le mueven a actuar para eliminados. Su actuación se dirige hacia los bienes materiales, consciente de que allí encontrará material para solventar esos apremios.

Esta dependencia del hombre con respecto a las cosas materiales es la raíz del valor económico. Esa relación de dependencia del hombre da lugar a que surja, recíprocamente, una relación real de conveniencia de las cosas materiales al hombre.

«Resulta ahora claro que la existencia de necesidades humanas insatisfechas es la condición de todas y cada una de las Güterqualitä­ten, de donde se deriva el principio de que los bienes pierden su Güterqualität tan pronto como desaparecen las necesidades para cuya satisfacción servían dichos bienes». 4

Robinson estima, valora, las distintas cosas basándose en esa relación de conveniencia, y, por su parte, la conveniencia va, efectivamente, desde la supervivencia a la estabilidad y a la mejora de vida:

En primer lugar, se trata básicamente de la supervivencia: «En el primero puse provisiones, a saber: pan, arroz, tres quesos de Holan­da, cinco trozos de carne de cabrito seca, que era nuestro principal alimento, y un poco de trigo de Europa que teníamos aparte para alimentar algunas aves que habíamos embarcado con nosotros.»

E inmediatamente después se piensa en la estabilidad: «Después de buscar largo rato, encontré, al fin, el arca del carpintero, que fue para mí un tesoro, pero un tesoro mucho más precioso que lo hubiera sido entonces un barco cargado de oro.» Por su parte, la estabilidad ha de estar, asimismo, asegurada con la defensa: «Lo que más deseaba después de eso eran armas y municiones. En el camarote del capitán había dos magníficas escopetas; y un par de pistolas. Las cogí, como también unos tarros de pólvora, un saquito de perdigones y dos espadas viejas y herrumbrosas.»

Pero una vez solucionada la estabilidad, no puede sino pensar en la mejora de vida: «Encontré en el taller del carpintero dos o tres sacos llenos de clavos y puntas, un gran taladro, media docena de hachas y una piedra de afilar, cosa muy necesaria; todo eso lo puse aparte, con otras varias cosas que habían pertenecido al artillero, especialmente dos o tres palancas de hierro, dos barriles de balas, seis mosquetes, otra escopeta de caza, una pequeña cantidad de pólvora, un gran saco de perdigones pequeños y un gran rollo de plomo.»

      Y añade: «No había perdido tiempo ni escatimado esfuerzos ni cuidados para sacar del buque todo cuanto pudiera servirme.»

Efectivamente, la mejora primero se prevé, pero en la misma obra de Defoe se manifiesta su logro, alcanzando una situación más desahogada y su deseo de estabilizarla. Robinson comenta: «No empleaba ya el tiempo en cosas vanas y a veces pesarosas, sino que quise dedicarlo en adelante a introducir en aquel género de vida todas las mejoras posibles». 5

Las realidades materiales están en un extremo y las necesidades y objetivos humanos en otro. En economía un extremo se estudia en cuanto referido al otro. El valor es, por tanto, una relación y, en concreto, una relación de conveniencia.

Es una relación entre sustancias, entre el resto de sustancias materiales y los seres humanos. Si falla alguno de los extremos, la relación no existe y el valor económico desaparece.

El error de considerar el valor «flotando» en el éter se ha repetido constantemente en la literatura económica, en ocasiones incluso con jactancia: «Se suponía que existía el valor objetivo, algo que estaba en el objeto más que en las mentes del comprador y vendedor. En la actualidad hemos tenido la suficiente experiencia y hemos examinado el problema con bastante profundidad como para saber que nunca existió valor semejante». 6

Jevons fija el modo de ser de la utilidad en una relación: «Quizá sea más exacto describirla como, tal vez, una circunstancia de las cosas que surge de su relación con las necesidades humanas». 7

El valor económico es la utilidad de las cosas, y por tanto, consustancial a ellas, pero a su vez es una relación. El valor económico, en cuanto relación, es una ordenación de una cosa a otra. Una orde­nación, en último término, de una cosa al hombre, a sus necesidades, a sus objetivos. No tiene otro ser que el de dirigirse a su término; es la mera orientación hacia el hombre, es un «hacia el hombre», una tensión.

El valor económico no es ni el sujeto de la relación ni su término, sino algo por lo que aquél se orienta a éste. El valor de algo podemos decir que es su grado de humanidad. Su capacidad de servir al hom­bre, de serie útil.

Así, dice Carl Menger que «a aquellas cosas que tienen la virtud de poder entrar en relación causal con la satisfacción de las necesida­des humanas las llamamos utilidades, cosas útiles». 8

      De una mesa podemos decir que es alta, que es blanca, que pesa mucho, que está en el comedor, que está entera…; y también pode­mos decir que es útil, que tiene determinado valor, que es estimable. El valor económico es algo, en definitiva, que predicamos de las cosas con referencia, en relación, al hombre.

Las distintas cosas que componen el universo no constituyen pie­zas aisladas, sino que forman entre ellas una complicada red de inte­rrelaciones diversísimas: unas son semejantes a otras, unas son efecto de otras, unas dependen de otras, unas están más coordinadas entre sí que otras, etc. Cuanto más coordinadas con los objetivos humanos estén, más valor tienen; cuanto más posibilidades de coordinación, mayor relación tendrán.

El valor económico, al ser una relación, no afecta a la cosa que valoramos según lo que es en sí misma, sino que es simplemente una «referencia al» hombre. Es un ser hacia el hombre o un ser respecto al hombre. Es como un salir de sí hacia otro que en último término siempre es un ser humano. El valor económico es un puro «respecto al hombre», pero que no condiciona su ser en la actualidad.

Conviene resaltar, por último, que en la relación aparecen nece­sariamente tres conceptos distintos: los dos extremos de la relación y la relación misma.

Para que se produzca la valoración, lo primero que se necesita es un sujeto que valorar, es decir, algo a lo que se encuentre adherido el valor, y con él, su referencia al hombre. El hombre es, en definiti­va, el sujeto término de la relación del valor. Así lo afirma C. Menger: «Lo primordial, a nuestro entender, es la comprensión de la conexión causal entre los bienes y la satisfacción de las necesidades humanas y de la relación causal más o menos directa de los primeros respecto a las segundas». 9

Según esto, habrá que distinguir tres aspectos: el sujeto origen, el sujeto término y la relación misma que es el valor económico. 10

3    DEFOE, Robinson Crusoe, Orbis, Barcelona 1988, p. 40.
4   MERGER. op. cit., p.18
 DEFOE, op. cit., pp. 40-56
GAS, «Economic Rationalism in the Late Middle Ages» , Speculum, VIII, 3, julio 1953, p. 305.
 JEVONS, The Principies o/ Economics, Augustus M. Kelley, Nueva York 1965, p.53.
MENGER, op. cit., p. 47.
9      MENGER, op. cit., p. 53.
10   MENGER; «Para que una cosa se convierta en bien, o, dicho con otras pala­bras, para que alcance la cualidad de bien, deben confluir las cuatro condiciones siguientes:
  1. Una necesidad humana.
  2. Que la cosa tenga tales cualidades que la capaciten para mantener una rela­ción o conexión causal con la satisfacción de dicha necesidad.
  3. Conocimiento, por parte del hombre, de esta relación causal.
  4. Poder de disposición sobre la cosa, de tal modo que pueda ser utilizada de hecho para la satisfacción de la mencionada necesidad» (op. cit., p. 48).

 FUNDAMENTOS DEL VALOR ECONÓMICO

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