FUNDAMENTOS DEL VALOR ECONÓMICO
Capítulo III
EL TRABAJO HUMANO COMO CAUSA EFICIENTE DEL VALOR
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Importancia del trabajo en la historia del pensamiento económico
La importancia del trabajo como causa eficiente del valor y del progreso económico ha sido patente a lo largo de la historia del pensamiento económico. De ahí la importancia que siempre han tenido las teorías del valor trabajo:
«El objetivo del pleno empleo fue expresado en los albores del mercantilismo por John Hales, quien escribió que el Estado debería adoptar medidas tendentes a asegurar “una gran abundancia” de bienes, y que esto exigía el empleo en el campo y las ciudades de todo aquel que estuviera capacitado para trabajar.
«La importancia del empleo fue expresada por William Petty (1662) en su conocida proposición de que a medida que aumenta la población de la nación aumenta su riqueza en mayor proporción». 1
Otras importantes figuras del Mercantilismo como William Temple (1671), Nicholas Barbon (1690), Josiah Child (1690), Sir Dudley North (1691), Charles Davenant (1695), John Law (1720), John Cary (1745), Josiah Tucker (1750), el Obispo Berkeley (1751) o Malachy Posttlethwayt (1759), destacaron con inequívocas afirmaciones que el trabajo humano es causa prioritaria de la riqueza de un país; que la mejora en el empleo y en la laboriosidad del trabajador favorece el crecimiento económico, que el incremento de la oferta monetaria tiene como efecto importante aumentar el empleo y por tanto la riqueza, que el tamaño de la población es factor decisivo en la capacidad económica de un país, que la mayor parte de las medidas de política económica se explican dando por supuesto que el pleno empleo es el objetivo fundamental para alcanzar un mayor poderío económico. 2
Posteriormente, y a partir de Adaro Smith, Ricardo y Marx, las teorías del valor trabajo comenzaron a dado importancia exclusiva en la creación del valor y dominaron durante un siglo el pensamiento económico.
A la importancia indiscutida y a su influencia preponderante en el pensamiento económico posterior de la obra de Adam Smith tenemos que hacer responsable, casi tanto como a Ricardo y Kad Marx, del dominio de la teoría del valor-trabajo en el orbe económico hasta el último tercio del siglo XIX.
Sus predecesores escoceses, Gershom Carmichael y su maestro Francis Hutcheson, que recogieron la tradición aristotélica a través de Grocio vía Puffendorf, anticiparon el análisis dual de «ambas hojas de las tijeras», de Marshall y consideraron también los elementos básicos de utilidad y escasez.
Dichas ideas respecto a los términos de escasez y utilidad son esenciales para cualquier tratamiento de la teoría del valor; sin embargo, Smith tuvo cierta tendencia a apartarse de estos conceptos en pro de una acentuación respecto al papel del trabajo.3 Quizás deslumbrado por el descubrimiento de la eficacia de la división del trabajo, decantó la balanza del valor hacia una consideración muy exclusivista de este factor. 4
Si los fisiócratas pusieron el acento exclusivo del valor en la tierra, Adam Smith desterró al olvido la ideas de utilidad y escasez, exclusivizando, como hemos señalado, el valor en el valor-trabajo. Si los fisiócratas resaltaron una causa originaria del valor, la causa material, Smith recalcó otra, la causa eficiente.
El error no estuvo tanto en la consideración del trabajo como causa -que sí lo es- como en identificar valor con trabajo y abrir el camino a la eliminación de la utilidad, de las causas finales, de la demanda.
Aunque sería conveniente resaltar el contraste de estos planteamientos con las ideas contenidas en sus Lecturas, no cabe duda de que la influencia de La Riqueza de las Naciones fue definitiva.
El énfasis en el trabajo a la hora de reflexionar sobre el valor fue puesto de manifiesto de nuevo por Ricardo.
Todavía en Adam Smith había una doble interpretación del trabajo como trabajo incorporado y como trabajo demandado. Sin embargo, con Ricardo el fiel de la balanza se inclinó claramente hacia el trabajo incorporado pese a la interpretación sui generis de Cassels. 5
La interpretación habitualmente asignada a Ricardo se fundamenta en .las afirmaciones contundentes realizadas en la línea de la consideración del trabajo como trabajo incorporado.
El trabajo consumido para producir los artículos es realmente la base del valor de cambio de todas las cosas, exceptuando aquellas que no pueden ser incrementadas por el quehacer humano. «Si la cantidad de trabajo contenida en las mercancías regula su valor de cambio, cada incremento en la cantidad de trabajo debe aumentar el valor de la mercancía sobre la que se ejerció, lo mismo que toda disminución debe rebajarlo.» «El valor de cambio de las mercancías o la regla que determina cuánto ha de ser dado de un bien a cambio de otro, depende casi exclusivamente de la cantidad comparativa de trabajo empleada en cada uno de ellos». 6
Ricardo se inclina por el «labor contained» y critica a Smith el hecho de defender dos teorías que se excluyen mutuamente: el trabajo incorporado a la mercancía y el trabajo obtenido a cambio de ella: «No son iguales ambas cantidades. Una, labor contained, es, bajo muchas circunstancias, el standard invariable que indica correctamente las variaciones de las demás cosas. La otra, labor comanded, está sujeta a tantas fluctuaciones como las mercancías con las cuales se compara». 7
Tratar de medir los valores por comparación al labor comanded es explicar los valores por los precios. Pero Ricardo trata de hacer lo contrario, es decir, explicar los precios por los valores.
Excluido el labor comanded, sólo queda el labor contained como explicación del valor. Este labor contained no se mide por el precio que alcanza el trabajo en el mercado, sino por medio de una cualidad objetiva, transitiva y común a todos los trabajos: el esfuerzo. El trabajo en cuanto sudor, desgaste muscular e intelectual, toil and trouble, como decía Adam Smith, desutilidad, como dirán luego los marginalistas. Ésta es la verdadera explicación del trabajo y la magnitud con la cual debe ser medido. 8
El valor depende del trabajo incorporado en términos de toil and trouble. Ricardo razona por exclusión. Elimina primero las demás causas posibles de valor -utilidad, escasez, mercancía, trabajo- y no queda en pie más que el labor contained en su versión de esfuerzo, fatiga.
Se le plantea a Ricardo, una vez hecha la afirmación de que el labor contained es causa y medida del valor, el problema de determinar el valor del labor comanded, de la mercancía-trabajo, según la regla del labor contained. Llegará a la conclusión de que el valor de la mercancía-trabajo o el salario natural consiste en el trabajo incluido en la fabricación de aquellos elementos que son indispensables para mantener en vida al trabajador. Es la famosa «ley de hierro» de los salarios.
Establecida esta medida del valor en el trabajo, empiezan a surgir las dificultades de falta de homogeneidad entre las múltiples y distintas formas de trabajo. La complicación se acentúa cuando se intenta comparar una hora o una jornada laboral de un tipo de trabajo con una hora o una jornada laboral de otro tipo. Tanto Smith, como esencialmente Ricardo, empezarán a tratar de resolver el problema con circunloquios en la línea de la distinta capitalización anterior a las diversas clases de trabajo. No es lo mismo la capitalización de un médico que la de un peón de albañil. Sin embargo, la cantidad de toil and trouble en el peón puede ser superior a la del médico. El análisis de estos problemas llega a ser común a todas las teorías del valor-trabajo, fundamentadas en el trabajo pasado incorporado a la mercancía. El capital, incluso, será tan sólo trabajo que se añade al objeto de mercado en las operaciones previas a su fabricación.
Karl Marx recogerá la doctrina de Ricardo según la cual el valor de cambio de las mercancías está regulado por el trabajo contenido. Pese a distinguir valor de uso de valor de cambio y afirmar que el valor de cambio es algo inventado, imaginario, Marx le dará carta de naturaleza objetiva al medirlo con el labor contained.
« ¿Qué es lo único común que hay en todas las mercancías, y que pueda ser tomado como explicación del valor de cambio? Si prescindimos del valor de uso, a las mercancías sólo les queda una propiedad común: la de ser productos del trabajo». 9
La medida del valor para Marx será la fuerza-trabajo. Tratando de salvar las dificultades de Ricardo, indica que, aunque los trabajos son diferentes, tienen algo en común que podemos abstraer y que llamamos fuerza-trabajo.
Esa fuerza-trabajo se mide por su duración temporal, y el tiempo de trabajo, en consecuencia, por las divisiones del tiempo: hora, día, mes, etc.
El proceso iniciado por Adam Smith llega a su culminación más radical en Marx. El trabajo se convierte en el único origen de todo valor. Admitido ese postulado reduccionista, el corolario de la plusvalía es inevitable. El poseedor del dinero compra fuerza de trabajo y materias primas a cambio de una cantidad de dinero D1. Lo comprado, transformado y convertido en una mercancía que se lleva al mercado, se vende y se recibe a cambio de una cantidad de dinero D2, superior a D1. Si sólo el trabajo incorporado a la mercancía crea valor, la ganancia del capitalista (D2-Dl) es injusta. El trabajador es explotado por el capitalista. El valor de la fuerza de trabajo por el que la compra el capitalista es inferior al valor que esa fuerza de trabajo crea en el proceso laboral de producción. El empleo de la fuerza de trabajo es lo que produce la plusvalía. Los bienes de la naturaleza son comprados por el capitalista por lo que valen y los vende, incorporados a la mercancía transformada, por el precio mismo: luego la ganancia del capitalista proviene del trabajador.
En todo el razonamiento, además de reducir el principio de todo valor al trabajo, la valoración del trabajo se adscribe exclusivamente a la consideración de fuerza. No se considera trabajo la labor de complementar los factores en orden al cliente final del capitalista o del empresario. Se da por supuesto que el empresario no trabaja. No se advierte que la tarea de organizar la producción de una determinada forma, según un modelo determinado, es trabajo del empresario. El propietario del capital, por su derecho de libre disposición de sus bienes, proyecta libre y responsablemente el modelo a producir. Esa tarea de proyección, invención y complementación de los factores en orden al servicio del usuario final es olvidada por Marx al reducir el trabajo a la categoría de trabajo-fuerza. Si se reconoce la labor del empresario como trabajo, desaparece la distinción entre clase capitalista y clase trabajadora. Ambos serían trabajadores con funciones distintas que intercambiarían sus servicios en orden a la consecución de un mejor producto final.
Este reconocer al capitalista una labor creativa de valor está en el núcleo de las teorías que explican el interés del capital como el salario correspondiente a un trabajo realizado por el capitalista. Entre estos autores cabe destacar a James Mill y McCullock, entre los ingleses; a Courcelle-Seneuil y Cauwes, entre los franceses; y a Schäffle y Wagner entre los alemanes.
Pero en Marx, al estimar la función del capitalista como simple propietario, sin función positiva de trabajo y, a su vez, no dar ninguna virtualidad como causa de valor a los bienes naturales, surge lógica su consideración unidireccional de la plusvalía y de la explotación del trabajador por el capitalista.
Esta teoría de la plusvalía y la explotación fue el arma esgrimida por el socialismo moderno y, aunque no goza de fundamentación científica satisfactoria, tuvo las mayores consecuencias prácticas y sociales a lo largo del siglo XIX, con manifestaciones y resultados importantes que se extienden al presente siglo XX.
La conclusión básica de los teóricos de la plusvalía, según la cual el interés del capital consiste en una parte del producto del trabajo ajeno, obtenida mediante la explotación de la situación de penuria del obrero, tuvo unas consecuencias sociales de gran magnitud.
Esta macrorrevolución social derivada de las teorías de la explotación se gestó en el giro peculiar que la teoría económica sobre el valor de los bienes tomó desde Adam Smith, y especialmente desde la decantación de Ricardo hacia el labor contained.
Entre los primeros teóricos de la explotación podemos citar a William Thompson en Inglaterra y Sismondi en Francia.
De entre la gran cantidad de socialistas científicos que aparecen a lo largo del siglo XIX podríamos destacar a Prudhom, Rodbertus y Lassalle por su mayor relieve en la difusión de dichas teorías junto con Marx.
Con las teorías de la explotación se radicaliza hasta sus últimas consecuencias la negación de la virtualidad de los bienes naturales y de los instrumentos de producción entre las causas originarias del valor económico, para afirmar la exclusiva causación del trabajo y éste valorado por los medios necesarios de subsistencia. Hay una reducción de las causas a la causa eficiente del trabajo y una nueva reducción del trabajo a sus manifestaciones más materiales, tanto en cuanto a su consideración como factor productivo como a los medios de mantenimiento del trabajador.
Aunque la importancia del trabajo como causa del valor es destacada fundamentalmente por todos los defensores de la teoría del valor trabajo, cabe destacar posteriormente el hincapié que hace Marshall en sus Principios en la tesis de que el progreso de la población en número y bienestar depende del mantenimiento y expansión de la «demanda efectiva» de mano de obra, de trabajo.
Incluso Peter F. Drucker recoge una anécdota que le ocurrió a Keynes en un seminario de Cambridge. Uno de los alumnos preguntó al maestro por qué no había una teoría del valor en la Teoría General. La respuesta de Keynes fue rotunda para nuestros propósitos: «Porque la única teoría del valor apropiada es la teoría del valor trabajo y está totalmente desacreditada». 10
En este capítulo trataré, no de revisar la opinión de los pensadores que históricamente destacaron la importancia del trabajo, sino de reflexionar sobre las consecuencias del hecho de ser el trabajo causa eficiente del valor económico.
1 GRAMPP, «Los elementos liberales en el mercantilismo inglés», Tbe Quaterly Journal of Economics, LXVI, noviembre, 1952, cit. en El pensamiento económico…, p.78.
2 Id., pp. 79-80.
3 ROBERTSON, H. M., Y TAYLOR, W. L., «El enfoque de la teoría del valor en Adam Smitb, The Economic Journal, LXVII, junio 1957. Cfr. El pensamiento económico de Aristóteles a Marshall.
4 SMITH, A., Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México 1982, pp. 3-7.
5 CASSELS, «Nueva interpretación de la teoría del valor de Ricardo», The Quaterly Journal of Economics, XLIX. mayo 1935, en El pensamiento….
6 RICARDO, D., Principios de economía política y tributación, Ayuso, Madrid 1973, p. 7.
7 Id., p. 8.
8 MÉNDEZ, José María, Relaciones entre economía y ética. Confederación Española de Cajas de Ahorro, Madrid 1970, p. 43.
9 MARX, Karl, El capital. Crítica de la economía política, 2ª’ ed., Siglo XXI, Madrid 1975. p. 47.
10 DRUCKER, «Toward the next economics», en BELL-KRISTOL (eds.), The crisis in economic theory, Basic Books, Nueva York, 1981, p. 17.
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