Santillana del Mar

En Cantabria, en la comarca de la Costa Occidental, se encuentra Santillana del Mar, una de las paradas del Camino del Norte. Su nombre engaña —“ni es santa, ni llana, ni tiene mar”, dice el famoso dicho popular—, pero su encanto compensa con creces cualquier paradoja. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1889, la villa conserva el ambiente medieval que enamora a peregrinos y visitantes de todo el mundo.

Recorrer Santillana del Mar es como adentrarse en un museo al aire libre. Las calles empedradas conducen a través de un conjunto homogéneo de construcciones de piedra, levantadas entre los siglos XIV y XVIII. Entre ellas destacan la Colegiata de Santa Juliana, uno de los grandes tesoros del románico en el norte de España, y su claustro, cuyas esculturas del siglo XII reflejan la influencia artística del Camino de Santiago. Otros edificios imprescindibles son el Palacio de Velarde, el Palacio Barreda-Bracho —actual Parador Nacional Gil Blas—, la Torre de Don Borja, hoy sede de la Fundación Santillana, o la Casa de Leonor de la Vega, ligada a una de las figuras más importantes de la nobleza medieval. Cada fachada, cada escudo tallado en piedra, cuenta una parte de la historia que ha moldeado la identidad de esta villa.

Santillana del Mar no solo conserva un patrimonio monumental excepcional. A escasos kilómetros se encuentra la Cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad, conocida en todo el mundo por sus pinturas rupestres. Además, la villa alberga el Museo Diocesano Regina Coeli, el Museo Jesús Otero y el Zoológico de Santillana, el más antiguo de Cantabria. El entorno natural también sorprende: entre acantilados, praderas y árboles centenarios, la villa ofrece un respiro al peregrino que sigue su ruta hacia Santiago. En la zona costera del municipio, entre Puerto Calderón y Ubiarco, el mar Cantábrico se muestra en su estado más salvaje.

Santillana del Mar ha sido históricamente un lugar de paso y descanso en el Camino del Norte. Ya en el siglo XVIII existían hospitales dedicados a pobres, peregrinos y viajeros. Hoy, la tradición hospitalaria continúa: los caminantes pueden descansar en albergues como el Arco Iris, en Viveda, o el albergue de Santillana, situado junto al museo Jesús Otero. Se cuenta incluso que el obispo armenio Martiros de Arzendjan pasó por aquí en el siglo XV, testimonio de la importancia que tuvo esta villa como punto de encuentro internacional.

Pocos lugares combinan tan bien historia, arte, naturaleza y hospitalidad. Santillana del Mar no es solo una etapa del Camino del Norte: es una experiencia completa que transporta al viajero a otra época. Cada piedra, cada aroma y cada sonrisa en sus calles recuerdan por qué esta villa forma parte de “Los Pueblos más Bonitos de España” desde 2013. Quien recorre el Camino de Santiago sabe que hay lugares que se quedan en la memoria. Santillana del Mar, sin duda, es uno de ellos.

CAMINO DEL NORTE

 


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