
Praga
Para quienes viajan desde Moscú rumbo a Europa Occidental y continúan después hacia el Camino de Santiago, Praga aparece como una de las paradas más inspiradoras del trayecto. Capital de la República Checa y corazón histórico de Bohemia, la ciudad se alza a orillas del río Moldava y reúne una riqueza cultural y arquitectónica que la convierte en una de las veinte ciudades más visitadas del mundo.
Fundada a finales del siglo IX, Praga ha sido durante siglos un centro político, comercial y artístico. Su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, combina palacios, iglesias, plazas medievales y edificios que narran siete siglos de historia: desde el auge del Reino de Bohemia hasta su papel como capital de Checoslovaquia.
Praga es una ciudad que parece salida de un cuento, con un casco histórico lleno de palacios, iglesias, callejuelas y torres que conservan siglos de historia. El corazón más antiguo es la zona del Castillo de Praga, una enorme fortaleza medieval construida en el siglo IX y considerada la mayor del mundo. Dentro del recinto se encuentra la majestuosa Catedral de San Vito, la obra gótica más importante del país y lugar donde fueron coronados los reyes de Bohemia. En este mismo complejo se pueden visitar también el antiguo Palacio Real, la basílica de San Jorge, varios palacios barrocos y el famoso Callejón del Oro, donde vivieron artesanos, alquimistas y, siglos más tarde, Franz Kafka. El castillo fue remodelado en el siglo XX por el arquitecto Jože Plečnik y hoy sigue siendo la residencia oficial del presidente checo.
A los pies del castillo se extiende Malá Strana, uno de los barrios más bellos de la ciudad, lleno de palacios barrocos, pequeños jardines y calles empedradas. Allí se encuentra la iglesia de San Nicolás, uno de los templos barrocos más espectaculares de Europa, en cuyo órgano llegó a tocar Mozart. Desde este barrio arranca el icónico Puente de Carlos, construido en el siglo XIV y decorado con 30 estatuas que acompañan el cruce sobre el río Moldava. Con sus torres góticas y su animado ambiente de músicos y artesanos, es uno de los lugares más inolvidables de Praga. Cerca de allí se encuentra también el Monasterio de Strahov, famoso por sus bibliotecas barrocas que guardan manuscritos únicos.
Al otro lado del puente se abre la Ciudad Vieja, un entramado medieval lleno de edificios históricos, cafés tradicionales y pequeñas plazas. Su centro es la plaza del Ayuntamiento, donde se encuentra el famoso Reloj Astronómico de 1410, el más antiguo de su tipo aún en funcionamiento, con sus figuras mecánicas que cada hora atraen a cientos de visitantes. Muy cerca se alzan las torres góticas de la iglesia de Nuestra Señora de Týn, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, y el barrio judío de Josefov, donde se conservan la Sinagoga Vieja-Nueva —una de las más antiguas de Europa— y el antiguo cementerio judío.
La Ciudad Nueva, fundada en el siglo XIV, ofrece un ambiente distinto, más amplio y elegante. Su centro es la Plaza de Wenceslao, escenario de algunos de los momentos históricos más importantes del país, como la Primavera de Praga o la Revolución de Terciopelo. En este distrito también se encuentra la famosa Casa Danzante, una de las obras contemporáneas más originales de la ciudad, diseñada por Frank Gehry con la forma de una pareja de bailarines.
Praga combina historia, arquitectura y arte en cada rincón, creando una atmósfera única donde conviven castillos medievales, palacios barrocos, sinagogas centenarias y edificios modernos. Es una de esas ciudades que se recorren con calma y que siempre dejan ganas de volver.

























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CAMINO DE SANTIAGO DESDE MOSCÚ
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