
Zamora
Zamora es un municipio y ciudad española situada entre el centro y el noroeste de la península ibérica, capital de la provincia del mismo nombre, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Se encuentra próxima a la frontera con Portugal y se alza a una altitud de 652 metros sobre el nivel del mar, dominando el curso del río Duero, elemento clave en el origen y desarrollo histórico de la ciudad.
El casco antiguo de Zamora está declarado conjunto histórico-artístico desde 1973. Su núcleo principal, de trazado alargado y en gran parte rodeado por murallas, se asienta sobre una amplia meseta rocosa conocida como la “peña tajada”, una elevación de entre 26 y 32 metros sobre el río Duero, que la rodea por el sur. Esta posición defensiva natural dio lugar al sobrenombre con el que Zamora es conocida desde la Edad Media: “la bien cercada”.
Uno de los mayores valores de Zamora es su extraordinario conjunto de arquitectura románica, que la convierte en la ciudad con mayor número y calidad de templos románicos de Europa. Este legado ha motivado incluso la solicitud de su declaración como Patrimonio Europeo. Además de la catedral, el conjunto incluye veinticuatro iglesias, un castillo, murallas, un puente, dos palacios y nueve casas, razón por la cual Zamora es conocida como la ciudad del Románico. Quince de estos edificios están declarados Bien de Interés Cultural. A este conjunto se suman templos de épocas posteriores y seis ermitas repartidas por el término municipal, lo que refuerza su papel histórico como sede de la diócesis zamorana.
El periodo de mayor esplendor político, económico y artístico de Zamora se sitúa entre los siglos X y XIII, siendo el siglo XI considerado su auténtico “siglo de oro”. Las últimas décadas de ese siglo y las primeras del siguiente representan el momento de mayor desarrollo del arte románico zamorano, dando como resultado uno de los conjuntos medievales más importantes de España y de Europa.
El edificio más representativo de la ciudad es la Santa Iglesia Catedral del Salvador, conocida como la Catedral de Zamora, construida en el siglo XII. De líneas sencillas, presenta planta de cruz latina, tres naves de cuatro tramos y una cabecera que fue transformada en estilo gótico en el siglo XVI. Su elemento más emblemático es la cúpula, con una singular decoración exterior de escamas, convertida en símbolo de la ciudad. Esta obra ha sido calificada como una creación genial sin paralelo en la arquitectura medieval y sirvió de modelo para edificios como la Catedral Vieja de Salamanca o la Colegiata de Toro.
A lo largo de su historia, la catedral ha contado con varios retablos mayores. El original románico fue sustituido a finales del siglo XV por un retablo gótico hispano-flamenco de Fernando Gallego y su taller, del que hoy se conservan algunas tablas en el Museo Catedralicio. Posteriormente se instaló un altar barroco de Joaquín Benito Churriguera, que desapareció tras los daños causados por el terremoto de Lisboa de 1755. El actual retablo, de mármol y bronce dorado, es de estilo neoclásico y fue diseñado por Ventura Rodríguez. Destacan también el coro, realizado entre 1512 y 1516 por Juan de Bruselas, y el Museo Catedralicio, que alberga una excepcional colección de tapices franco-flamencos de los siglos XV al XVII.
La arquitectura civil completa este valioso legado histórico. Destacan el castillo, de cimientos prerrománicos y estructura románica, las murallas construidas entre los siglos XI y XIII durante los reinados de Alfonso III de Asturias y Fernando I de León, y la Casa de Arias Gonzalo o del Cid, uno de los escasos ejemplos de románico civil conservados. Junto al Duero se alza el Puente Nuevo o de Piedra, construido entre los siglos XII y XIII y reconstruido en gran parte tras una riada en 1556. Con sus 250 metros de longitud y dieciséis arcos apuntados, sigue siendo uno de los elementos más reconocibles del paisaje urbano.
Para el peregrino del Camino de Levante, Zamora es mucho más que una ciudad de paso. Es un lugar donde el camino se detiene para encontrarse con la historia, el arte y el silencio de la piedra. Recorrer sus murallas, cruzar el Duero o adentrarse en sus iglesias románicas permite al caminante conectar con siglos de fe, tránsito y vida, en una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa.





















