METZ – FRANCIA

Metz

Después de dejar Saarbrücken, el Camino cruza la frontera y nos lleva a Metz, una joya del noreste de Francia conocida como la “Villa Verde” por sus 625 hectáreas de vegetación. Ciudad con siglos de historia, Metz fue capital del reino de Austrasia entre los años 511 y 751, más tarde ciudad libre del Sacro Imperio Romano Germánico, y finalmente se incorporó a Francia tras la Paz de Westfalia de 1648. Hoy es la capital del departamento de Mosela, y su riqueza histórica y arquitectónica la convierte en una parada imprescindible para cualquier peregrino.

Al llegar, es imposible no sentirse impresionado por la Catedral de San Esteban, una de las más altas y amplias de Francia. Construida entre 1220 y 1552, su nave alcanza los 42 metros de altura y sus vidrieras, que abarcan desde el siglo XIII hasta el XXI, suman más de 6.500 m²: la colección más importante de Europa. Por eso la llaman la “Linterna de Dios”. Este templo, dedicado a San Esteban, mártir cuyos restos llegaron de Jerusalén en el año 415, es un lugar donde la historia y el arte se respiran a cada paso.

A pocos minutos, sobre una isla del Mosela, se encuentra el Temple Neuf, iglesia protestante construida entre 1901 y 1905 en estilo neorrománico renano. Frente a ella se abre la Place de la Comédie, donde se levanta la ópera más antigua de Francia en activo, construida entre 1738 y 1752, y el palacio de l’Intendance. Para llegar a esta isla hay que cruzar puentes históricos que conectan las orillas del Mosela, y caminar sobre ellos ya es un viaje en el tiempo: el agua refleja la arquitectura medieval y moderna de la ciudad, creando rincones únicos para fotografiar.

Otro testimonio del pasado religioso es la Basílica de San Vicente, cuya historia se remonta al año 968. La basílica actual, de estilo neoclásico, fue reconstruida en 1786 tras siglos de cambios y desgracias. Desacralizada durante la Revolución Francesa, fue utilizada como prisión, cuartel y hasta hospital para caballos, y hoy acoge exposiciones, conciertos y eventos culturales.

El Templo de Garnison, con su campanario de 97 metros, es otro icono de Metz. Aunque el resto del templo quedó destruido durante la Segunda Guerra Mundial y en un incendio posterior, este campanario se mantuvo, convirtiéndose en un símbolo de la historia luterana de la ciudad y ofreciendo un contraste fascinante con los edificios antiguos que la rodean.

Metz también guarda vestigios de su pasado defensivo: la Porte des Allemands, construida en el siglo XIII como parte de las murallas, servía de puerta y de puente sobre el río Seille. Hoy, reabierta al público, permite imaginar cómo se defendía la ciudad en la Edad Media. Otros puentes históricos como el Pont des Morts conectan distintos barrios y recuerdan el carácter estratégico de Metz como ciudad fluvial.

Otras joyas incluyen la Saint-Pierre-aux-Nonnains, probablemente la iglesia más antigua de Francia, originariamente parte de unas termas romanas, y la Chapelle des Templiers, capilla octogonal construida entre 1180 y 1220 por la Orden del Temple para proteger a los peregrinos. Esta capilla es la única iglesia en rotonda que se conserva en la región y aún conserva rastros de frescos del siglo XV.

No podemos olvidar el Centro Pompidou-Metz, inaugurado en 2010, que trae el arte moderno y contemporáneo a la ciudad. Su exterior, con forma que recuerda a un sombrero chino gigante, llama la atención, mientras que en su interior se pueden explorar más de cien mil obras de todo el mundo.

La estación de tren de Metz, construida entre 1905 y 1908 en estilo neorrománico renano, ha sido elegida varias veces como una de las más bellas de Francia. Y para los amantes del patrimonio religioso, la iglesia de Santa Segolena, ubicada en la Place Jeanne d’Arc, es la única iglesia de Metz dedicada a una mujer santa. Sus vidrieras, algunas de finales del siglo XII o comienzos del XIII, son un verdadero tesoro histórico.

Recorrer Metz es caminar entre siglos de historia: desde sus puentes medievales y templos barrocos, hasta sus edificios neorrománicos y centros de arte contemporáneo. Cada rincón cuenta una historia: cruzadas, reyes, artistas y peregrinos. Los puentes, además, invitan a contemplar la ciudad desde otra perspectiva, observando el Mosela que atraviesa sus calles y reflejando su alma histórica. Metz no solo es una ciudad para admirar, sino un lugar donde la historia se siente viva, perfecta para descansar y recargar energías antes de continuar el Camino de Santiago desde San Petersburgo.

CAMINO DE SANTIAGO DESDE SAN PETERSBURGO

Leave a Reply

error: Content is protected !!

Discover more from BIBLE - ADVENTURE

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading