Jelgava

Tras dejar atrás Riga, el Camino de Santiago continúa hacia Jelgava, una ciudad situada en la región histórica de Zemgale, a unos 44 kilómetros de la capital de Letonia. Es la ciudad más grande de esta región y durante siglos desempeñó un papel importante en la historia del país, ya que hasta 1919 fue la capital del Ducado de Curlandia.

Jelgava se encuentra en una amplia llanura a orillas del río Lielupe. La ciudad se caracteriza por sus calles rectas y avenidas amplias, un trazado urbano que refleja la planificación de épocas pasadas y que antiguamente rodeaba las residencias de la nobleza germano-báltica.

El monumento más representativo de la ciudad es el Palacio de Jelgava, también conocido como el antiguo palacio de Mitava. Este majestuoso edificio fue levantado por orden del duque de Curlandia y Semigalia, Ernst Johann von Biron, quien encargó el proyecto al célebre arquitecto Francesco Bartolomeo Rastrelli. El palacio fue inaugurado en 1771 y durante mucho tiempo sirvió como residencia de los duques de Curlandia. En su interior se conservan los sarcófagos de la familia ducal. Actualmente el edificio alberga la Universidad de Ciencias de la Vida y Tecnologías de Letonia y está rodeado por un amplio parque que invita a pasear.

Uno de los elementos más conocidos del paisaje urbano es la torre de la antigua Iglesia de la Trinidad. El templo original fue construido en el siglo XVI y llegó a ser la mayor iglesia luterana del antiguo Ducado de Curlandia. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944, la nave quedó destruida y nunca fue reconstruida, pero la torre sobrevivió y hoy ha sido restaurada. En su interior se encuentran un centro cultural y turístico, una exposición museística, un restaurante y una plataforma panorámica desde la que se puede contemplar la ciudad. Frente a la torre se levanta además un monumento dedicado a Jānis Čakste, el primer presidente de Letonia.

Entre los edificios históricos de Jelgava ocupa un lugar importante la Academia Petrina, fundada en 1773 por el duque Pedro de Curlandia. Fue el primer centro de educación superior de Letonia y su edificio, diseñado por el arquitecto danés Severin Jensen, llegó a albergar incluso un observatorio. En la actualidad funciona como museo municipal y lleva el nombre del pintor Gederts Elias, nacido en esta región.

La ciudad conserva también varios templos históricos que reflejan la diversidad religiosa del país. El más antiguo es la Iglesia luterana de Santa Ana, cuya construcción actual en ladrillo se completó en 1641, aunque ya existía un templo de madera en ese lugar a finales del siglo XVI. Junto a la iglesia crece desde hace más de dos siglos un roble plantado en honor a Martín Lutero. A estos templos se suman la Catedral ortodoxa de los Santos Simeón y Ana, construida en 1774, la Catedral católica de la Inmaculada Virgen María, inaugurada en 1906, la Iglesia luterana de San Juan, la iglesia baptista y la Iglesia ortodoxa de la Dormición de la Virgen.

En las afueras de la ciudad se encuentra la Villa Medem, una elegante residencia de estilo neoclásico construida en 1818 según el proyecto del arquitecto Johann Berlit.

Gracias a su pasado ligado al Ducado de Curlandia y posteriormente al Imperio ruso, Jelgava conserva numerosos edificios históricos que reflejan distintas etapas de su desarrollo. Para los peregrinos del Camino de Santiago desde San Petersburgo, la ciudad representa una interesante parada donde conocer la historia de Zemgale, pasear junto al río y descubrir algunos de los monumentos más significativos del patrimonio cultural letón antes de continuar la ruta hacia el sur.

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Riga

Riga, la capital y ciudad más poblada de Letonia, se encuentra en la desembocadura del río Daugava, a orillas del golfo de Riga. Fundada en 1201, pronto se convirtió en un importante centro comercial del mar Báltico como miembro de la Liga Hanseática. Hoy en día es una ciudad vibrante que combina historia, cultura y arquitectura. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997, gracias a la excepcional conservación de sus edificios de art nouveau y de su arquitectura de madera del siglo XIX. Por la elegancia de sus calles, plazas y cafés, Riga es conocida también como la “París del Este”.

El casco antiguo, conocido como la Vieja Riga, es el corazón histórico de la ciudad. Sus calles siguen el trazado del antiguo sistema defensivo medieval, cuyas murallas fueron demolidas en el siglo XIX para dar paso a amplios espacios abiertos y a un parque urbano atravesado por un canal que separa la ciudad antigua de la nueva.

En el centro de la Vieja Riga se encuentra la Plaza del Ayuntamiento, donde se levantan el Ayuntamiento de Riga y la famosa Casa de los Cabezas Negras. Este edificio, fundado en 1334, fue durante siglos el lugar de reunión de la hermandad de comerciantes conocida como los Cabezas Negras. De estilo gótico con una fachada inspirada en el Renacimiento neerlandés, fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido en 1999. Frente a él se alza la estatua de Roland, símbolo medieval de la justicia y la libertad.

Entre los templos más importantes destaca la Catedral luterana de Riga, cuya construcción comenzó en 1211 por iniciativa del obispo Alberto. Su estructura principal se completó entre los siglos XIV y XV. La torre actual alcanza los 90 metros de altura y en su interior se encuentra uno de los órganos más grandes del mundo. También sobresale la Iglesia de San Pedro, mencionada por primera vez en 1209 y reconstruida varias veces a lo largo de los siglos, la última tras los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial. La Catedral de Santiago, actual catedral católica de Riga, y la Catedral ortodoxa de la Natividad completan el panorama religioso de la ciudad.

Entre los edificios históricos más destacados se encuentra el Castillo de Riga, construido alrededor de 1330 para la Orden Livona y que hoy alberga la residencia oficial del presidente de Letonia. También forman parte del patrimonio urbano el Gran Gremio y el Pequeño Gremio, antiguas sedes de las asociaciones de comerciantes y artesanos, así como la Puerta Sueca y la Torre de la Pólvora, que conservan restos de las antiguas fortificaciones de la ciudad.

Otro conjunto arquitectónico interesante es el complejo de Los Tres Hermanos, formado por tres casas construidas entre los siglos XV y XVII que se encuentran tan próximas entre sí que parecen un solo edificio. El llamado “hermano mayor”, construido en el siglo XV, se considera el primer edificio de piedra de Riga.

La ciudad también guarda historias curiosas, como la de la Casa del Gato, construida en 1911. Según una popular leyenda, su propietario, el comerciante Blūmer, quiso ingresar en el Gran Gremio de comerciantes, pero fue rechazado. Molesto por la decisión, colocó en las torres del edificio dos esculturas de gatos negros con la cola levantada y orientados hacia las ventanas del gremio como gesto de burla. Con el tiempo, el comerciante fue aceptado en la organización y uno de los gatos fue girado para que ambos miraran en direcciones opuestas.

Entre el casco antiguo y la parte moderna de la ciudad se encuentra el Monumento a la Libertad, inaugurado en 1935 y considerado uno de los símbolos nacionales de Letonia. Además, Riga cuenta con numerosos museos, entre ellos el Museo de la Ocupación, el Museo Nacional de Historia de Letonia y el Museo de Historia y Navegación de Riga, que permiten comprender mejor la historia política, cultural y marítima del país.

Riga constituye una parada importante del Camino de Santiago desde San Petersburgo. Sus calles medievales, iglesias históricas, plazas llenas de vida y elegantes edificios invitan a los peregrinos a detenerse, explorar la ciudad y disfrutar de su rica herencia cultural antes de continuar la ruta hacia Santiago de Compostela.

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Sigulda

Después de recorrer Valmiera, el Camino de Santiago continúa hasta llegar a Sigulda, una encantadora villa situada a orillas del río Gauja y capital del municipio homónimo. La ciudad obtuvo el título de villa en 1928 y hoy es uno de los destinos turísticos más conocidos de la región histórica de Vidzeme, famosa por sus paisajes y su rico patrimonio cultural.

Sigulda destaca por sus monumentos históricos, que reflejan distintas etapas de la historia de la región. Uno de los más antiguos es el Castillo medieval de Sigulda, construido durante las primeras fases de la conquista de las tierras bálticas por los cruzados. Sus ruinas recuerdan el importante papel estratégico que tuvo la fortaleza en la Edad Media.

Muy cerca se encuentra el Castillo de Turaida, fundado en 1214 por orden del obispo de Riga. Durante más de cinco siglos fue una de las fortalezas más importantes de la zona. En 1776 un incendio accidental destruyó gran parte del complejo y el castillo quedó abandonado durante mucho tiempo. A partir de la década de 1950 fue declarado monumento cultural y comenzaron los trabajos de restauración y las investigaciones arqueológicas, que continúan hasta hoy. Actualmente se pueden visitar varias secciones reconstruidas, entre ellas las torres y el mirador situado a unos 26 metros de altura. 

Junto a las ruinas medievales se alza el Castillo Nuevo de Sigulda, un elegante edificio de estilo neogótico construido entre 1878 y 1881 como residencia del príncipe Dmitri Kropotkin. Este palacio refleja la arquitectura señorial del siglo XIX y forma parte del conjunto histórico de la ciudad.

Entre los edificios religiosos destaca la Iglesia Luterana de Sigulda, mencionada por primera vez en fuentes escritas del siglo XV como iglesia de San Bartolomé, aunque se cree que sus orígenes se remontan al siglo XIII. El templo presenta una arquitectura gótica sencilla y está coronado por una esbelta torre añadida en la década de 1930.

Sigulda también es conocida por sus impresionantes paisajes naturales. Una de las experiencias más populares es el teleférico de Sigulda, inaugurado en 1969, que conecta las colinas de Sigulda y Krimulda atravesando el valle del río Gauja a lo largo de más de un kilómetro. Desde sus cabinas se pueden contemplar magníficas vistas de los bosques y las formaciones rocosas de la región.

Otra atracción natural es la Cueva de Gutmanis, la más grande de Letonia. De su base brota un manantial cuyas aguas han sido consideradas curativas desde hace siglos. 

Gracias a la combinación de historia, naturaleza y paisajes espectaculares, Sigulda se convierte en una parada muy especial para los peregrinos del Camino. Sus castillos medievales, cuevas y valles invitan a descansar y disfrutar del entorno antes de continuar su ruta hacia Santiago de Compostela.

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Valmiera

Después de atravesar la ciudad fronteriza formada por Valga y Valka, el Camino continúa hacia el sur por los paisajes de Letonia hasta llegar a Valmiera. Esta ciudad es hoy uno de los principales centros administrativos, culturales y económicos de la región histórica de Vidzeme, conocida antiguamente como Livonia.

Valmiera y sus alrededores forman una de las zonas habitadas más antiguas del país. Las investigaciones arqueológicas han encontrado rastros de presencia humana que se remontan a unos 9.000 años. Antes del siglo XII, el territorio pertenecía al distrito de Tavala y estaba poblado por pueblos bálticos como los latgalos y los livonios. Más tarde, en el siglo XIII, el territorio fue dividido entre el arzobispado de Riga y la Orden de Livonia.

La ciudad aparece mencionada por primera vez en una crónica en 1323, aunque su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XIII. En aquella época, los caballeros livonios construyeron un castillo y una iglesia católica a orillas del río Gauja. La fortaleza se encontraba en una importante ruta comercial que conectaba Europa occidental con ciudades rusas como Pskov y Veliky Novgorod. Gracias a esta posición estratégica, comenzó a crecer una pequeña población de comerciantes y artesanos alrededor del castillo.

La antigua ciudad estaba protegida por una muralla con dos puertas principales —la puerta de Riga y la de Tartu— además de varios bastiones. Los ríos cercanos también servían como defensa natural. Aunque gran parte del centro histórico fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial en 1944, todavía se conservan algunos edificios y lugares históricos que permiten imaginar el pasado medieval de la ciudad.

Uno de los lugares más importantes es el Castillo de Valmiera, fundado por la Orden de Livonia en el siglo XIII. Hoy solo se conservan sus ruinas, ya que fue destruido en 1702 durante la Gran Guerra del Norte.  Con el tiempo, los habitantes de la ciudad utilizaron las piedras del castillo para construir sus propias casas, lo que aceleró el deterioro de las ruinas.

Otro de los monumentos más destacados es la Iglesia de San Simón de Valmiera, uno de los templos más antiguos de Letonia. Construida originalmente en el siglo XIII dentro del recinto amurallado, la iglesia presenta un estilo gótico. Tras los daños sufridos en el siglo XVIII fue reconstruida y se añadió una torre barroca coronada por un chapitel. En su interior se conserva un órgano del siglo XIX.

Otro templo que llama la atención es la Iglesia Ortodoxa de San Sergio de Radonezh, construida a finales del siglo XIX. Este edificio de ladrillo, con elementos del estilo neogótico, refleja la diversidad religiosa y cultural que ha caracterizado históricamente a Valmiera.

Entre los edificios históricos de la ciudad también destaca una antigua casa de madera construida en el siglo XVIII sobre los cimientos de las antiguas murallas del castillo. En este edificio se instaló una farmacia que llegó a ser la más antigua de Livonia. Tras su restauración en la década de 1990, el edificio alberga hoy el Museo Regional de Valmiera, donde se puede conocer la historia de la ciudad y de toda la región.

Valmiera también ofrece espacios naturales para descansar durante el Camino. La ciudad cuenta con un amplio parque forestal situado en un meandro del río, donde se ha construido una torre de observación desde la que se pueden contemplar los paisajes verdes de la región.

Valmiera es una parada agradable donde se encuentran historia, naturaleza y cultura. Sus ruinas medievales, iglesias antiguas y tranquilos espacios verdes invitan a hacer una pausa antes de continuar el camino hacia Santiago de Compostela.

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Valka

Tras recorrer Valga, el Camino de Santiago cruza la frontera y continúa por la misma ciudad histórica, que en el lado letón se llama Valka. Hoy Valka es la capital del municipio del mismo nombre en la región de Vidzeme.

Durante siglos, Valka y Valga formaron una sola ciudad conocida como Walk. La primera mención del lugar aparece en documentos de 1286. Más tarde, el 11 de junio de 1584, el rey polaco Stefan Batory concedió a la ciudad los derechos municipales. Tras la Primera Guerra Mundial y la creación de los nuevos estados bálticos, la ciudad fue dividida en 1920 entre Estonia y Letonia, dando lugar a las actuales Valga y Valka.

A pesar de la frontera, ambas ciudades siguen estrechamente conectadas y hoy forman una auténtica ciudad transfronteriza. Un detalle curioso que sorprende a muchos visitantes es la instalación de unos grandes columpios situados justo en la línea fronteriza, que permiten balancearse literalmente de un país a otro.

Entre los principales lugares de interés de Valka destaca la Iglesia luterana de Santa Catalina de Valka, mencionada por primera vez en el siglo XV. A lo largo de su historia ha sido destruida y reconstruida varias veces. El edificio actual combina elementos góticos, barrocos y clásicos, junto con rasgos del romanticismo nacional. Desde la torre se puede acceder a una plataforma de observación con vistas a la ciudad y a la frontera.

La ciudad también cuenta con un museo de historia local y un teatro que reflejan la vida cultural de la región. Entre los edificios históricos destaca la antigua residencia del barón von Wrangel, construida en el siglo XVII.

Un detalle curioso une también a Valka con Valga a través de sus escudos de armas. Ambos proceden del antiguo escudo de la ciudad histórica de Walk, pero presentan una diferencia simbólica: en el escudo de Valka, una mano con una espada emerge de una nube desde la derecha, mientras que en el de Valga aparece desde la izquierda, formando una composición en espejo.

Para los peregrinos del Camino de Santiago, Valka ofrece una experiencia singular: caminar por una ciudad dividida entre dos países, donde la historia, la cultura y la vida cotidiana siguen conectando a Estonia y Letonia. Aquí el Camino no solo cruza fronteras geográficas, sino también siglos de historia compartida.

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LETONIA

LETONIA Europa Letonia, oficialmente República de Letonia (en letón, Latvijas Republika), es un país soberano de Europa Septentrional, miembro de la Unión Europea, constituido en estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la república parlamentaria. Su territorio, con capital en Riga, está organizado en 110 municipios y 9 ciudades con su propia administración.​ Ubicado en la Región Báltica, tiene una extensión de 64 589 km² de superficie. Limita al… Continue reading LETONIA

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