MARKINA-XEMEIN

Markina-Xemein

Marquina-Jeméin, conocida en euskera como Markina-Xemein, es una villa vizcaína situada en el extremo nordeste de la provincia de Vizcaya, justo donde el río Artibai se encuentra con su afluente Urko, en el límite con Guipúzcoa. La villa, que ostenta el título de «muy noble y muy leal», está rodeada de un terreno accidentado, salpicado de montes que alcanzan los 800 o 900 metros, y ofrece un paisaje que combina la fuerza de la naturaleza con la riqueza de la historia. Su ubicación en el Camino de Santiago por la costa ha dejado en la villa un legado monumental que invita a recorrerla con calma y a descubrir sus rincones más secretos.

El patrimonio religioso de Marquina-Jeméin es impresionante. La iglesia de Santa María de la Asunción de Jeméin, del siglo XVI, es una de las más grandes de Vizcaya. Su estructura renacentista, con tres naves y bóvedas de crucería, la planta rectangular y la cabecera cuadrada, impresiona por su armonía y amplitud. El coro y la sacristía, construidos en el siglo XVII, y su retablo mayor manierista hacen de esta iglesia un verdadero tesoro. El convento e iglesia de la Merced, con convento del siglo XVII y iglesia del XVIII, alberga un retablo de 1827 realizado por Alejandro Valdivieso, mientras que el convento e iglesia de San José se levanta sobre la antigua casa torre de los condes de Peñaflorida, con el jardín convertido en iglesia.

Otro lugar destacado es el Conjunto monumental del Carmen, formado por convento, iglesia y fuente, que se abre a la plaza donde hoy se encuentra la casa consistorial. Fundado en 1691 por Ignacio Munibe y Axpe, fue cuartel de los franceses en 1808 y permaneció sin orden religiosa de 1839 a 1869. Su iglesia, terminada en 1724, conserva altares barrocos y bóvedas de lunetas y cupulillas, mientras que la fuente, coronada por la figura del Niño Jesús de Praga desde 1923, aporta un toque de delicadeza y devoción popular.

El humilladero de Santa Cruz, conocido como eliza txiki, es un pequeño rincón de recogimiento del siglo XVI que recibía a los peregrinos a su entrada al pueblo, mientras que numerosas ermitas repartidas por los barrios recuerdan la organización de las antiguas cofradías y la importancia de la fe en la vida cotidiana de la villa.

El cementerio de Marquina-Jeméin, de 1851, es otro ejemplo de cómo el arte y la historia se mezclan en esta villa. Con un estilo neoclásico con influencias diversas, diseñado por Mariano de Lascuráin, combina pórticos con sepulturas ligadas a las casas del pueblo, dejando espacio central para panteones destacados, como el del XII conde de Peñaflorida, José María Munibe y Aranguren. Su capilla alberga una escultura de Cristo del siglo XVI y forma parte del patrimonio nacional junto con Santa María de la Asunción.

El patrimonio civil no se queda atrás. El Palacio de Solartecua o Palacio de Mugartegui, construido en 1666, es hoy la casa consistorial y conserva la estructura original sobre la muralla medieval, con su fachada barroca, balcones de hierro forjado y escudos de armas. Otros palacios como el Andonaegi, con un gran escudo, el Ansotegi, de estilo gótico, o el Murga, que integra la torre Bidarte, muestran la riqueza y diversidad de la arquitectura urbana. Entre las casas torre destacan la Torre Antxia, con saeteras y muros defensivos, y la Torre de Barroeta, reconstruida tras el incendio del siglo XVI. La Torre de Ugarte mantiene las aspilleras y un recuerdo de su ferrería, mientras que el Palacio Patrokua o Villa Gaytán, a orillas del río Urko, combina un estilo neoclásico con ampliaciones modernas y alberga hoy el centro educativo Lea Artibai Ikastetxea.

No podemos olvidar la riqueza rural de Marquina-Jeméin. Los hórreos, caseríos y casas torre como el de Ubilla o el Hormaetxe en Meabe muestran la tradición constructiva vasca y la vida ligada a la tierra. Cada edificio, cada piedra, refleja siglos de historia, costumbres y una forma de vivir que sigue presente en la villa.

Visitar Marquina-Jeméin es recorrer un lugar donde la historia y la vida se sienten en cada esquina. Desde los conventos y palacios hasta las ermitas y torres, todo habla de nobleza, fe y tradición. Caminar por sus calles es también seguir los pasos de los peregrinos del Camino del Norte, descubriendo rincones que combinan arquitectura, paisaje y memoria histórica. En Marquina-Jeméin, cada visita se convierte en un viaje en el tiempo y en un encuentro con la esencia de Vizcaya.

CAMINO DEL NORTE

error: Content is protected !!

Discover more from BIBLE - ADVENTURE

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading