
O Pedrouzo
O Pedrouzo, en la parroquia de Arca, dentro del municipio coruñés de O Pino, es mucho más que una simple parada antes de llegar a Santiago de Compostela. Aunque muchos peregrinos lo ven solo como el final de una etapa, este lugar guarda una historia y un encanto propios que lo convierten en un sitio especial para detenerse y disfrutar con calma.
Desde el siglo XX, O Pedrouzo es la capital municipal de O Pino, después de que la casa consistorial se trasladara desde Santa Irene. Pertenece a la comarca de Arzúa y conserva ese ambiente rural gallego tan característico, combinado con la energía que aportan los peregrinos que cada día lo cruzan rumbo a Santiago.
Entre sus rincones más destacados está la iglesia de Santa Eulalia de Arca. Por fuera puede parecer una construcción sencilla, con sus paredes blancas y aspecto contemporáneo, pero dentro sorprende con un interior de estilo neoclásico y un altar en forma de vieira, el símbolo por excelencia del Camino de Santiago.
También merece una mención especial el crucero de O Pedrouzo, que fue trasladado desde su emplazamiento original hasta el centro de una rotonda. De esta forma se convirtió en un punto de referencia visible y en todo un símbolo del pueblo, recordando además la idea del “cruce de caminos” que tanto identifica a los peregrinos.
La iglesia de Santa María de Gonzar, perteneciente a la parroquia de O Pino, se encuadra en el estilo barroco y se encuentra en un entorno privilegiado, rodeada de naturaleza. A su lado se alzan un gran crucero y la antigua casa rectoral, que completan el conjunto histórico. En su interior se conserva la tumba de Josefa de la Torre, conocida como “A espiritada” o “La enferma de Gonzar”, de quien se dice que vivió más de treinta años sin comer ni beber, lo que le dio fama de santa entre los vecinos.
Sin embargo, hay una celebración que lleva a O Pedrouzo a la fama, y es la Fiesta del Gallo y Muestra Caballar. Se celebra el primer domingo de agosto y combina tradición y folclore con una feria celta, exhibiciones equinas y una muestra de gallos y gallinas de raza Piñeira. Durante ese fin de semana, O Pedrouzo llega a reunir a unas diez mil personas, superando ampliamente los poco más de quinientos habitantes censados del lugar.
O Pedrouzo es un lugar donde la calma, la fe y la tradición gallega se entrelazan. Un rincón que invita al peregrino a detenerse, mirar alrededor y descubrir que, antes de llegar a la meta, también hay historias que merecen ser escuchadas.








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