
Alcázar de Segovia
El majestuoso Palacio Real de Segovia se alza imponente en la cima de una roca, dominando el espléndido panorama formado por los ríos Eresma y Clamores. Aunque sus orígenes se remontan a fechas anteriores, el primer documento oficial que menciona el Alcázar data del año 1122. Después de que Alfonso VI conquistara la ciudad en el siglo XII, el Alcázar ya figuraba en los antiguos manuscritos como un lugar de gran importancia.
Este palacio fue la residencia preferida de los monarcas de Castilla. Entre sus muros vivieron figuras tan destacadas como Alfonso X el Sabio y Enrique IV. Su arquitectura refleja la transición entre el estilo románico y el gótico, pero lo que realmente llama la atención es la exquisita decoración mudéjar que adorna sus amplios salones. El edificio alberga dos patios y dos torres emblemáticas: la Torre del Homenaje y la Torre de Juan II.
A lo largo de su historia, el Alcázar ha sido testigo de numerosos eventos de gran trascendencia. En sus salones se celebraron las Cortes de Castilla en los años 1256, 1342, 1383, 1398 y 1532. Una de las fechas más destacadas fue el 13 de diciembre de 1474, cuando Isabel la Católica salió de sus muros para ser coronada reina de Castilla en la Plaza Mayor. También en sus salas, el 12 de noviembre de 1570, se celebró la boda real entre Felipe II y Ana de Austria.
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el Alcázar funcionó como prisión de Estado, albergando a personalidades ilustres como el Duque de Medinaceli, el Marqués de Ayamonte y el Barón de Ripperdá. En 1764, Carlos III decidió establecer en sus muros el Real Colegio de Artillería. Sin embargo, en marzo de 1862, un devastador incendio destruyó gran parte de la fortaleza y muchas de las obras de arte que albergaba.
Veinte años después, se inició una exhaustiva obra de restauración, y en sus salas se instaló el Archivo General Militar.
En la actualidad, este imponente monumento no solo puede visitarse por sí mismo, sino que también forma parte del recorrido jacobeo en Segovia, donde el Camino de Santiago Complutense enlaza con el de Madrid, permitiendo a los peregrinos disfrutar de su majestuosa presencia a lo largo de este trayecto milenario.








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