
Colunga
La villa de Colunga, capital del concejo del mismo nombre, es un lugar lleno de historia y encanto, donde cada rincón conserva el espíritu de la Asturias tradicional. Su casco urbano combina arquitectura señorial, edificios públicos con carácter y templos que reflejan siglos de vida y fe.
Uno de los ejemplos más destacados es la casa de la familia Alonso Covián, una elegante construcción renacentista del siglo XVI. Su estructura rectangular y simétrica muestra la sobriedad y el equilibrio propios de la época. En su fachada llama la atención el balcón principal con el blasón familiar, mientras que en la esquina se conserva una ventana con columna, un detalle típico del estilo de aquel tiempo.
Muy cerca, se encuentra la Casa de los Pablos, construida en 1910 por el arquitecto asturiano Manuel del Busto y encargada por Cayetano Pérez de Velasco, miembro de la influyente familia conocida como «Los Pablos». En su planta baja albergó un comercio y almacén de telas, mientras que la superior fue utilizada como residencia. La fachada destaca por la simetría de ventanales, balconadas y pilastras decoradas con motivos vegetales. Sus torres, originalmente con tejados a cuatro aguas, quedaron inacabadas tras un incendio durante la Guerra Civil, pero el edificio sigue siendo un ejemplo destacado de la arquitectura de principios del siglo XX en Colunga.
El ayuntamiento de Colunga también forma parte del patrimonio más representativo de la villa. En su fachada se exhibe el escudo de la familia Álvarez de Colunga, que pasó a ser el emblema del concejo. El edificio presenta un cuerpo central y dos alas laterales, con amplias ventanas en la planta baja y balcones en la superior. Su techo plano, rematado con bolas de piedra, aporta un aire sobrio y distinguido.
Entre los edificios religiosos destaca la iglesia parroquial de San Cristóbal, de tres naves rodeadas por un pórtico abierto. Su torre central, coronada con una aguja, domina el horizonte del pueblo y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Colunga.
Pasear por la villa de Colunga es revivir su historia en cada piedra, disfrutar del ambiente tranquilo de sus calles y descubrir un rincón del oriente asturiano que conserva intacta su esencia.







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