LA ALBERCA

La Alberca

La Alberca, en el sur de la provincia de Salamanca, es uno de esos pueblos que enamoran a primera vista a quienes recorren la Ruta de la Plata. Situada en plena Sierra de Francia, en un entorno de gran belleza natural, su propio nombre ya nos habla de la abundancia de agua que caracteriza a esta zona.

Pasear por sus calles es como viajar en el tiempo. La arquitectura popular se ha conservado con mucho mimo durante siglos, y eso se nota en cada rincón: casas entramadas, plazas con encanto y un casco histórico que mantiene toda su autenticidad. La Plaza Mayor y la iglesia parroquial del siglo XVIII forman parte de ese conjunto que llevó a La Alberca a ser declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1940.

La iglesia parroquial, finalizada en 1733 —el mismo año que la Catedral Nueva de Salamanca—, guarda piezas muy interesantes, como su púlpito de granito policromado del siglo XVI y la imagen del Santísimo Cristo del Sudor. Junto a la entrada principal del templo puede verse además la estatua que rinde homenaje al famoso marrano de San Antón, una de las tradiciones más curiosas y queridas del pueblo.

Esta costumbre tiene raíces muy antiguas. En el pasado, cada familia criaba un cerdo para su propio consumo durante el invierno, y se cree que con el tiempo surgió la práctica de criar uno entre todos los vecinos para destinarlo a la iglesia o a las personas más necesitadas. Así nació la tradición del marrano de San Antón.

Hoy en día se mantiene viva de una forma muy especial. Cada 13 de junio, día de San Antonio de Padua, se bendice un cerdo que después se suelta por las calles de La Alberca para que viva libremente entre los vecinos… y también entre los visitantes. Durante meses el animal se convierte en un habitante más del pueblo, algo cotidiano para los albercanos y todo un atractivo para quienes llegan de fuera. Finalmente, el 17 de enero, día de San Antón, se celebra en la Plaza Mayor la rifa del cerdo, y la recaudación se destina cada año a una causa benéfica distinta.

El patrimonio religioso de La Alberca se completa con varias ermitas llenas de tradición. Dentro del pueblo destaca la del Cristo del Humilladero, una de las más antiguas, cuyo Cristo sale en procesión el Jueves Santo. A las afueras, la ermita de Nuestra Señora de Majadas Viejas se esconde en un paraje de castaños y robles con un aire casi místico, mientras que la de San Marcos, hoy en ruinas, sorprende por la grandeza de lo que fue. También forman parte del paisaje albercano las ermitas de San Blas y San Antonio, muy ligadas a las celebraciones y romerías locales.

Pero La Alberca no solo se vive a través de sus monumentos. El pueblo es muy conocido por sus embutidos y su turrón, además de por la artesanía tradicional de bordados, cerámica y talla de madera, oficios que siguen formando parte de su identidad.

El entorno natural es otro de sus grandes tesoros. Muy cerca se encuentra el Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, un espacio de gran valor paisajístico y espiritual donde los carmelitas fundaron en 1599 el monasterio del Desierto de las Batuecas. En este valle también aparecen cuevas con restos prehistóricos y varias ermitas dispersas por la montaña. En lo alto de la sierra se alza el Santuario de la Virgen de la Peña de Francia, a más de 1.700 metros de altitud, un mirador privilegiado desde el que se contemplan kilómetros de paisaje.

Para quienes disfrutan caminando, el Camino de las Raíces es una ruta circular de unos nueve kilómetros que parte del propio pueblo y permite descubrir lugares tan especiales como la laguna de San Marcos o diversas intervenciones de arte en la naturaleza, integradas con mucho respeto en el paisaje.

La Alberca es una parada muy especial en la Ruta de la Plata: un lugar donde la tradición se mantiene viva, la arquitectura conserva su esencia y la naturaleza envuelve cada paso. Un destino para recorrer sin prisas y dejarse llevar por la historia y el encanto de la Sierra de Francia.

RUTA DE LA PLATA

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