San Pedro de Rozados

San Pedro de Rozados, en la comarca del Campo de Salamanca, es una pequeña y tranquila parada para quienes recorren la Ruta de la Plata. Este municipio salmantino se asienta sobre un suave cerro, donde se agrupan sus pintorescas casas blancas, bajas y unidas entre sí, formando un conjunto muy armonioso y característico del paisaje rural de la zona.

Su ubicación no es casual. Ya en época romana este lugar era punto de paso en el camino hacia el norte por la Vía de la Plata. Esa huella histórica aún se percibe en el ambiente sereno del pueblo, muy ligado al paso de viajeros a lo largo del tiempo.

El principal elemento patrimonial es la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, construida hacia 1647. Destaca especialmente su curiosa espadaña con doble fila de arcos, una silueta muy reconocible que sobresale sobre el caserío. En el interior se conserva el retablo mayor, que alberga distintas tallas, entre ellas las de San Pedro y San Blas, situadas a ambos lados del Santísimo Cristo.

El templo fue objeto de una restauración a partir de 1978 para frenar su deterioro y permitir que continuara siendo lugar de culto para los vecinos. Hoy sigue siendo el principal referente monumental del municipio.

Sencillo y auténtico, San Pedro de Rozados mantiene el encanto de los pequeños pueblos del Campo de Salamanca. Para el viajero de la Ruta de la Plata, supone una parada tranquila donde conectar con el ritmo pausado del medio rural y con la larga historia de este camino milenario.

RUTA DE LA PLATA

Béjar

Al sur del antiguo Reino de León, en la provincia de Salamanca, Béjar aparece como una de esas paradas que sorprenden al viajero de la Ruta de la Plata. Situada a los pies de la sierra que lleva su nombre y con poco menos de veinte mil habitantes, la ciudad combina historia, tradición y un entorno natural muy atractivo.

El casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1974, se asienta sobre una pequeña cresta montañosa y, visto desde lejos, recuerda a un barco varado. Aún se conservan tramos de la muralla medieval, que durante siglos protegió la ciudad y de la que todavía pueden verse algunos lienzos y accesos. Pasear por esta zona es la mejor forma de descubrir sus monumentos más conocidos, entre ellos el Palacio Ducal y varias iglesias de origen románico que hablan del importante pasado medieval de Béjar.

Uno de los templos más destacados es la iglesia de Santa María la Mayor, reformada en el siglo XVI. Su ábside románico mudéjar y la torre de granito llaman especialmente la atención, al igual que su retablo mayor barroco. También merece una visita la iglesia de El Salvador, de origen medieval y durante siglos considerada la más bella de la ciudad, y la iglesia de San Juan Bautista, que conserva interesantes elementos románicos de transición.

El gran emblema civil de Béjar es el Palacio Ducal de los Zúñiga. Reconstruido por los duques de Béjar —a uno de los cuales Cervantes dedicó su Quijote—, destaca por su elegante patio renacentista con la fuente de la Venera. Hoy alberga un instituto, pero desde uno de sus torreones se puede disfrutar de una cámara oscura con bonitas vistas de la ciudad y de la sierra.

Muy cerca se encuentra El Bosque, uno de los pocos jardines renacentistas italianos que se conservan en España. Fue creado en el siglo XVI como villa de recreo de los duques y hoy es un lugar perfecto para pasear entre estanques, esculturas y zonas ajardinadas.

El recorrido por la ciudad suele continuar por la Calle Mayor, que conecta la parte antigua con la zona moderna. En ella se percibe claramente el pasado industrial de Béjar, visible en sus casas con galerías acristaladas, muchas vinculadas a la antigua burguesía textil.

Y es que la industria pañera marcó durante siglos la vida de la ciudad. El río Cuerpo de Hombre, cuyas aguas eran ideales para el tratamiento de paños, favoreció la instalación de numerosas fábricas. Actualmente puede recorrerse la llamada Ruta de las Fábricas, un agradable paseo que permite descubrir estos edificios históricos, entre ellos la Real Fábrica de Paños de Diego López.

Entre las tradiciones más singulares de Béjar destaca la del Hombre de Musgo, una fiesta muy querida por los bejaranos que se celebra durante el Corpus Christi. La tradición se basa en una leyenda medieval según la cual, cuando la ciudad estaba en manos musulmanas, un grupo de cristianos logró entrar ocultándose bajo capas de musgo para confundirse con la vegetación. Gracias a esta estratagema habrían recuperado la ciudad.

Hoy, esta historia se revive cada año con un vistoso desfile en el que varios vecinos se cubren completamente de musgo natural, recreando aquella hazaña. La fiesta está declarada de Interés Turístico Nacional y se ha convertido en uno de los momentos más esperados del calendario festivo local.

Entre las curiosidades de la ciudad también destaca su plaza de toros de El Castañar, construida en 1711 y considerada la más antigua de España entre las que se conservan. Muy cerca se levanta el Santuario de la Virgen del Castañar, patrona de la ciudad, rodeado por un bonito bosque de castaños.

Más allá del patrimonio urbano, Béjar invita a disfrutar de la naturaleza. La sierra de Béjar, declarada Reserva de la Biosfera, ofrece paisajes espectaculares durante todo el año. En invierno destaca la estación de esquí de La Covatilla, mientras que en épocas más suaves abundan las rutas de senderismo por parajes como El Tomillar o las riberas del río Cuerpo de Hombre.

En el horizonte sobresale la imponente Peña de Francia, que durante buena parte del año permanece nevada. En sus laderas se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, un lugar de gran devoción y también un magnífico mirador natural.

Béjar es una parada muy completa en la Ruta de la Plata: historia, tradiciones únicas, patrimonio y naturaleza se unen aquí para ofrecer al viajero una visita tranquila y con mucho que descubrir.

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BÉJAR

Béjar Al sur del antiguo Reino de León, en la provincia de Salamanca, Béjar aparece como una de esas paradas que sorprenden al viajero de la Ruta de la Plata. Situada a los pies de la sierra que lleva su nombre y con poco menos de veinte mil habitantes, la ciudad combina historia, tradición y… Continue reading BÉJAR

La Alberca

La Alberca, en el sur de la provincia de Salamanca, es uno de esos pueblos que enamoran a primera vista a quienes recorren la Ruta de la Plata. Situada en plena Sierra de Francia, en un entorno de gran belleza natural, su propio nombre ya nos habla de la abundancia de agua que caracteriza a esta zona.

Pasear por sus calles es como viajar en el tiempo. La arquitectura popular se ha conservado con mucho mimo durante siglos, y eso se nota en cada rincón: casas entramadas, plazas con encanto y un casco histórico que mantiene toda su autenticidad. La Plaza Mayor y la iglesia parroquial del siglo XVIII forman parte de ese conjunto que llevó a La Alberca a ser declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1940.

La iglesia parroquial, finalizada en 1733 —el mismo año que la Catedral Nueva de Salamanca—, guarda piezas muy interesantes, como su púlpito de granito policromado del siglo XVI y la imagen del Santísimo Cristo del Sudor. Junto a la entrada principal del templo puede verse además la estatua que rinde homenaje al famoso marrano de San Antón, una de las tradiciones más curiosas y queridas del pueblo.

Esta costumbre tiene raíces muy antiguas. En el pasado, cada familia criaba un cerdo para su propio consumo durante el invierno, y se cree que con el tiempo surgió la práctica de criar uno entre todos los vecinos para destinarlo a la iglesia o a las personas más necesitadas. Así nació la tradición del marrano de San Antón.

Hoy en día se mantiene viva de una forma muy especial. Cada 13 de junio, día de San Antonio de Padua, se bendice un cerdo que después se suelta por las calles de La Alberca para que viva libremente entre los vecinos… y también entre los visitantes. Durante meses el animal se convierte en un habitante más del pueblo, algo cotidiano para los albercanos y todo un atractivo para quienes llegan de fuera. Finalmente, el 17 de enero, día de San Antón, se celebra en la Plaza Mayor la rifa del cerdo, y la recaudación se destina cada año a una causa benéfica distinta.

El patrimonio religioso de La Alberca se completa con varias ermitas llenas de tradición. Dentro del pueblo destaca la del Cristo del Humilladero, una de las más antiguas, cuyo Cristo sale en procesión el Jueves Santo. A las afueras, la ermita de Nuestra Señora de Majadas Viejas se esconde en un paraje de castaños y robles con un aire casi místico, mientras que la de San Marcos, hoy en ruinas, sorprende por la grandeza de lo que fue. También forman parte del paisaje albercano las ermitas de San Blas y San Antonio, muy ligadas a las celebraciones y romerías locales.

Pero La Alberca no solo se vive a través de sus monumentos. El pueblo es muy conocido por sus embutidos y su turrón, además de por la artesanía tradicional de bordados, cerámica y talla de madera, oficios que siguen formando parte de su identidad.

El entorno natural es otro de sus grandes tesoros. Muy cerca se encuentra el Parque Natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, un espacio de gran valor paisajístico y espiritual donde los carmelitas fundaron en 1599 el monasterio del Desierto de las Batuecas. En este valle también aparecen cuevas con restos prehistóricos y varias ermitas dispersas por la montaña. En lo alto de la sierra se alza el Santuario de la Virgen de la Peña de Francia, a más de 1.700 metros de altitud, un mirador privilegiado desde el que se contemplan kilómetros de paisaje.

Para quienes disfrutan caminando, el Camino de las Raíces es una ruta circular de unos nueve kilómetros que parte del propio pueblo y permite descubrir lugares tan especiales como la laguna de San Marcos o diversas intervenciones de arte en la naturaleza, integradas con mucho respeto en el paisaje.

La Alberca es una parada muy especial en la Ruta de la Plata: un lugar donde la tradición se mantiene viva, la arquitectura conserva su esencia y la naturaleza envuelve cada paso. Un destino para recorrer sin prisas y dejarse llevar por la historia y el encanto de la Sierra de Francia.

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